martes, 9 de marzo de 2010

EL ESPEJO DEL ALMA

Mucho es lo que se ha escrito, en relación a lo que el violín significa para quien con él se vincula.
Estudiar violín, implica, recorrer ese camino lleno de preguntas y respuestas, de símbolos que se descubren con facilidad y otros cuya esencia se oculta en su laberinto propio.
Desentrañar ese significado, comprender su quinta esencia, nos va llevando a sentir una atracción muy fuerte hacia él.
Y esa atracción por ir descubriendo esa verdad que se intuye mientras se desarrolla la práctica, nos va generando una adcción, una "sana" adicción, respecto a querer tocar, a querer estudiar todos los días un poco al inicio, y con el paso del tiempo, cada vez más.
Se hace muy difícil transmitir para quien no ha iniciado el camino del violín, lo que significa el hecho de asumir la práctica del instrumento como un ejercicio tan deseado por quien lo ha buscado.
El antes y el después, el encontrar y descubrir un espacio propio e íntimo, el incorporar en la vida una actividad que me espera día a día y me da más y más, mostrándome quién soy, cómo soy, cómo espero y cuanto valgo.
Para algunos, "el espejo del alma".
El violín que refeleja lo que siento, lo que pienso, lo que creo y lo que busco.
Para otros, "el violín interior". Ese violín interno que me habla y que habla de mí, de mi vida, de mi entorno.
Mi ex maestro Jorge Risi, habla de "el otro violín"; el violín que no suena y que explica por qué quiero y necesito tocar, por qué busco identificarme con él y por qué me alivia y me regocija.
Sea cual fuere la imagen que evoque en cada uno de nosotros, nuestro instrumento, nos envuelve con su oculto significado y nos sugiere recorrer su laberinto intrínseco, generando en quien lo toca a diario, un exquisito placer, despertando un anhelo por ejercitar cada día, como si su impronta nos llamara.