lunes, 27 de septiembre de 2010

CUANDO LA TRISTEZA MANDA

¿ Qué hacer con una pena profunda ?
Una tristeza que nos cala hondo, que la sentimos apoderarse de nuestros pensamientos, y se manifiesta en un dolor de estómago, de cabeza o de espalda.
¿ Qué pasa con nosotros cuando sufrimos un desencanto, una desilusión, una constatación penosa de cualquier índole, que no nos deja vivir en paz, que nos acompaña y nos daña ?
Y cuando un recuerdo de una situación dolorosa pasada nos interrumpe en el medio de la vida, en cualquier momento de un día cualquiera cual fantasma molesto que nos señala el hecho que queremos olvidar, erradicar de nuestro ser, y no podemos....
Mientras hay quien opta por dar vuelta la cara al problema, otros buscan en la proximidad empática, una vía para sentirse acompañado y aconsejado.
El amigo, el familiar, la pareja, el psiquiatra y a veces hasta el "prestador de servicios religiosos" operan como bastones emocionales, para poder sobrellevar el dolor.
Y se sigue caminando por la vida con la misma sensación de vacío, de soledad, de sin sentido.
A veces puede ser duro asumir en la vida, que para ciertos dolores del alma, las palabras ajenas, las meras compañías y los "armoniles" más eficaces, son vías muy endebles para buscar o esperar un alivio.
Y hace falta algo más.
Y ese algo más, lo buscamos una y otra vez, fuera nuestro.
En el otro, en la medicina, en la religión.....y el alivio no llega.
Y otra vez me viene a la mente la idea de la transformación. De la necesidad en pensar en transformar el dolor , resignificando esa experiencia dolorosa que nos oprime.
El ser abandonado por la pareja, por ejemplo, puede significar una situación en la cual el rencor, el odio, la venganza pudiera ser la constante "el día después de".
Si leemos acerca de la vida de muchos artistas, músicos, pintores, escritores, veremos que muchos de ellos sufrieron tormentos en sus vidas, pero fueron capaces de transformar ese sufrir, en una obra de arte.
Rembrandt, Goethe, Beethoven, sufrieron y vacilaron y pensaron incluso muchas veces en el suicidio, pero sus obras de arte, y más que ellas, su actitud de vida, llevaron a transformar la pena en algo trascendente para ellos y para los demás.
No lograron erradicar la pena de su alma, pero sí pudieron resignificarla, generando deseos de vida para sí y para quienes se han sentido y se sienten tocados por sus obras.