A medida que pasan los años junto al violín, junto a la música, me convenzo más acerca de la importancia del parámetro tiempo, tempo, o "duración" y recuerdo mi asombro en relación a la insistencia al respecto por parte de algunos queridos profesores que remarcaban la relevancia del parámetro, jerarquizándolo a tal punto que solían decir que el "tempo", el ritmo o la métrica, antecedían en importancia a los demás parámetros como el timbre, la altura, la dinámica y la agógica.
Menuhin solía recordarle a sus alumnos que la música empezaba antes del primer compás de la partitura, refiriéndose justamente al pulso, a esa pulsación métrica, rítmica que provee de forma y estructura a la música y que debe presentirse siempre antes de comenzar a tocar una pieza musical.
Y esa pulsación que debe sentirse antes de comenzar cualquier ejercicio interpretativo o técnico tiene que ver con algo mucho más profundo e ìntimo, que está relacionado con el tempo o tiempo personal de cada uno.
En una sociedad en la cual la forma de vida se va apartando cada vez más de la consideración y valorización de los ritmos personales, íntimos, para mí ha sido y es, una necesidad personal y profesional, conocer y respetar "los tiempos" de cada uno de mis alumnos.
Ir conociendo a cada uno y procurar a la vez aplicar un plan de trabajo, de estudio que involucre lo técnico y lo musical al unísono, respetando los ritmos personales de cada uno, es el eje central de cada una de mis clases.
Acompañar en el proceso al alumno, buscando ese justo punto de equilibrio que implique por un lado no contradecir la naturaleza de él y por otro estimular a acelerar o frenar los "ritmos" que las dinámicas merecen para ir obteniendo un resultado de satisfacción, debiera ser la consideración previa más importante al impartir una clase de violín o de cualquier instrumento musical.
Sigo creyendo y pensando que es posible vivir de cara al tiempo personal, de cara a ese latido que marca el ritmo de nuestros tiempos, de nuestra vida, sin por eso pedir permiso para ello, ni olvidarse de lo que a uno le rodea.
domingo, 7 de octubre de 2012
domingo, 1 de abril de 2012
El cuidado del alma
A medida que pasa el tiempo me voy convenciendo más acerca de la importancia del cuidado del alma, del deber que tenemos para con nosotros mismos irnos conociendo, de irnos aceptando, de aprender a intuírnos.
Quizás los primeros años en la educación de las personas, debieran estar dedicados a volcar la máxima atención a esos aspectos que tienen que ver con el cuidado de la parte más delicada de nuestra esencia.
El tiempo para estar con uno mismo, el tiempo para escucharnos, para escuchar el ruido de la brisa pero más que eso, como decían Simon & Garfunkel en una hermosa canción que recuerdo de mi infancia, "the sounds of silence", esos sonidos del silencio que propician para quien los comienzan a percibir, el acercamiento a nuestro núcleo, a nuestro dentror que nos conecta a la vez, con aprender a descubrirnos, a ver y saber quienes somos.
Ese "trabajo" que debiéramos realizar en cualquier momento de nuestras vidas, independientemente de si en nuestra historia personal no hayan habido estímulos tempranos que nos hubieran enseñado a descubrir a agudizar el sentido de la introspección, nos debería guiar a ir descubriendo qué nos gusta, qué nos duele, qué nos asusta, qué nos entristece y qué nos llena de alegría.
Embarcarnos en esa travesía de ir viviendo conectados con nosotros mismos, sin distraernos, sin alejarnos de nosotros ni de los demás, es el comienzo para cuidar lo más valioso que tenemos.
El estado de eso que algunos llaman energía y otros alma, es el verdadero motor de todo y es lo que en definitva define que nuestra vida sea plena o no, de que seamos felices o infelices.
Estoy absolutamente convencido que en la medida que mis alumnos vayan haciendo con mi ayuda, un trabajo calmo de disfrute del violín paso a paso, se va dando una virtuosa transformación personal. El violín nos ayuda a vernos, a descubrir nuestras flaquezas y nuestras potencias. Nuestras sombras y a la vez nuestra maravilla interna. Y en ese goce de ir haciendo música vamos queriendo seguir estando. Aquí. Ahora. Y siempre. Para seguir tocando y seguir sacando lo mejor que tenemos de nosotros, a veces tan guardado, a veces tan oculto.
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