martes, 18 de octubre de 2011

VOCES DEL MÁS ALLÁ....VOCES DEL MÁS ACÁ.

No siempre tenemos real conciencia del verdadero alcance de nuestras palabras, cuando se dirigen a alguien para quien de alguna manera somos importantes.
Al decirle algo importante a alguien con quien tenemos algún vínculo relevante a nivel afectivo, o con quien tenemos un tipo de relacionamiento cercano, estamos muchas veces sin darnos cuenta, dejando una huella que puede ser más profunda que lo que podemos considerar fugazmente.
Emitir un juicio de valor, expresar una opinión sobre las decisiones vitales que el otro puede estar tomando en su vida, sobre todo si uno es especialmente importante para el otro, puede significar una marca alentadora, que determine cambios positivos que orienten al otro a un camino de satisfacción e ilusión creadora-creativa, o por el contrario, puede significar que el otro experimente la desazón que surge de la desilusión por dejar de creer en los propios sueños.
Muchas veces, quien trasmite un mensaje de descreimiento y duda, está generando en el otro, a veces sin una mala intención deliberada, una suerte de bloqueo emocional que conlleva al no hacer.
Ese no hacer o no emprender, o no animarse a emprender, en el caso de los músicos o de los artistas puede significar que alguien deseoso y talentoso deje de ver su luz propia y no se entregue a seguir su intuición , su voz interna que frecuentemente nos guía hacia la realización de nuestras profundas convicciones y deseos.
Cuando se es vulnerable o sensible a la opinión del otro, muchas veces, esa energía tremenda que desde nuestro dentror nos dice qué hacer, se apaga o se atenúa.
"No creas que es tan fácil"...."no lo veo coveniente"......."no creo que eso te lleve a alguna parte"......."he sabido de muchos que lo han intentado"...... "para qué hacerlo"....."busca otra alternativa"......."no seas iluso"........son muchas frases que suelen coartar la alegría de muchos.
Muchas veces esas sentencias provienen del miedo profundo de quien emanan sin considerar que alguien sensible pueda hacerlas propias para siempre.
Las palabras son poderosas, sobre todo entre las personas que nos queremos, que nos apreciamos o que nos conocemos cercanamente.
Comenzar por luchar contra nuestros propios miedos, no sólo es una tarea de responsabilidad por la construcción de nuestra propia felicidad sino que nos ayuda a ser más empáticos, más abiertos de mente y espíritu respecto a esa persona cercana, que necesita recibir de uno, esa chispa que encienda su querer.