A veces pienso qué importantes pueden ser esas palabras que en algún momento de nuestras vidas, recibimos de seres que de una manera u otra, son especialmente relevantes para nosotros.
Ese consejo, ese punto de vista de un padre, una madre, un amigo, una novia, apuntando a un tema candente de nuestra vida, a algo no resuelto, que consideramos difícil o imposible de encarar o lograr, puede ser crucial para nuestro futuro, para nuestra vida y en definitiva, nuestra felicidad.
La importancia que tiene para nosotros el mensaje que proviene de alguien a quien estamos ligados afectivamente, puede iluminarnos o a veces herirnos a tal punto de llevarnos a un estado de confusión y pena profunda.
Nunca voy a olvidar la expresión de la cara de una alumna talentosísima, acompañada de su papá en su primera clase, al escuchar lo que él me decía, aludiendo a que quería apoyar a su hija en el estudio del violín, siempre y cuando no lo barajara como una alternativa profesional, porque él entendía que no era alternativa.
Lo que el señor no estaba teniendo en cuenta, obviamente por total desconocimiento de causa, era que sí podía ser en el caso de su hija una alternativa más que viable y exitosa del punto de vista profesional, por una parte, pero por otro lado, lo más grave del caso, era ver en los ojos de la chica, la profunda pena que le provocaban las palabras de su padre que por supuesto, pasaban a incorporarse en su alma para siempre.
En este caso, esas palabras, ese mensaje tan tajante de ese padre, quedaba guardado en el dentror de esta joven, como una programación que la acompañaría el resto de su vida, indicándole que el esfuerzo y las ganas, habrían de estar limitadas y constreñidas por ese concepto tan claro respecto a la inviabilidad de dedicarse al violín como una profesión.
Por suerte, me vienen a la mente ejemplos opuestos a este.
Mensajes positivos, alentando a llevar adelante un sueño, un proyecto, un emprendimiento, creyendo absolutamente en uno y convenciéndose de que es posible, y que el éxito nos espera a la vuelta de la esquina, si es que ponemos lo mejor de nosotros mismos en lo que hacemos, con amor, con garra.
Y en este sentido, la semana pasada quedé muy impresionado al leer en la prensa una historia muy linda, que aludía a la vida de un jugador de football uruguayo, Diego Forlán.
Forlán, tiene una hermana, unos años mayor que él, que en el año 1991, sufre un accidente automovilístico con su novio, el cual fallece y el resultado de la tragedia, es que ella queda paralítica.
Diego, en ese entonces, tenía aproximadamente doce años y por supuesto, vive esa tragedia familiar quedando en estado de schock.
Cuando la hermana sale de su situación más crítica del accidente, habiendo quedado paralítica y sabiendo lo importante que era para Diego el football, le manda un mensaje de amor y fuerza, diciéndole "Tú vas a ser un gran futbolista, porque tú lo deseas y lo vas a lograr. Y tan buen futbolista serás, que podrás ayudarme a tener una vida mucho mejor."
Esas palabras, quedaron grabadas para siempre en el jugador uruguayo y ese amor de esa hermana, lo iluminó y le dió fuerzas para poner lo mejor de él para hacer su sueño realidad.
Esos mensajes pueden cambiar nuestras vidas. Se necesita que quien nos quiera, sea lo suficientemente valiente para decírnoslo.
domingo, 11 de julio de 2010
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