domingo, 1 de abril de 2012

El cuidado del alma

A medida que pasa el tiempo me voy convenciendo más acerca de la importancia del cuidado del alma, del deber que tenemos para con nosotros mismos irnos conociendo, de irnos aceptando, de aprender a intuírnos.
Quizás los primeros años en la educación de las personas, debieran estar dedicados a volcar la máxima atención a esos aspectos que tienen que ver con el cuidado de la parte más delicada de nuestra esencia.
El tiempo para estar con uno mismo, el tiempo para escucharnos, para escuchar el ruido de la brisa pero más que eso, como decían Simon & Garfunkel en una hermosa canción que recuerdo de mi infancia, "the sounds of silence", esos sonidos del silencio que propician para quien los comienzan a percibir, el acercamiento a nuestro núcleo, a nuestro dentror que nos conecta a la vez, con aprender a descubrirnos, a ver y saber quienes somos.
Ese "trabajo" que debiéramos realizar en cualquier momento de nuestras vidas, independientemente de si en nuestra historia personal no hayan habido estímulos tempranos que nos hubieran enseñado a descubrir a agudizar el sentido de la introspección, nos debería guiar a ir descubriendo qué nos gusta, qué nos duele, qué nos asusta, qué nos entristece y qué nos llena de alegría.
Embarcarnos en esa travesía de ir viviendo conectados con nosotros mismos, sin distraernos, sin alejarnos de nosotros ni de los demás, es el comienzo para cuidar lo más valioso que tenemos.
El estado de eso que algunos llaman energía y otros alma, es el verdadero motor de todo y es lo que en definitva define que nuestra vida sea plena o no, de que seamos felices o infelices.
Estoy absolutamente convencido que en la medida que mis alumnos vayan haciendo con mi ayuda, un trabajo calmo de disfrute del violín paso a paso, se va dando una virtuosa transformación personal. El violín nos ayuda a vernos, a descubrir nuestras flaquezas y nuestras potencias. Nuestras sombras y a la vez nuestra maravilla interna. Y en ese goce de ir haciendo música vamos queriendo seguir estando. Aquí. Ahora. Y siempre. Para seguir tocando y seguir sacando lo mejor que tenemos de nosotros, a veces tan guardado, a veces tan oculto.

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